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A
l caer la tarde,
después de recorrer laderas y hondonadas
acostumbra a llevar a su piara
bajo la encina grande,
detrás del matorral.
El viento y el frío han curtido su cuerpo.
Todo es quietud,
sólo rompen el silencio
unas notas de flauta y un alegre trinar.
Montanera, bellotas,
suculento manjar para el cerdo.
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