LA REIVINDICACIÓN DE LA MEMORIA

Es como si un día cualquiera Puri Sánchez se hubiese decidido a iniciar una especie de psicoanálisis plástico. Así imagino yo que comenzó a pintar: de memoria, a través del recuerdo, tratando de reconstruir su mundo primitivo, el microcosmos de su infancia.

La pintura naïf de Puri Sánchez contiene los elementos necesarios para que pueda aplicársele la fórmula de "gran realismo", de que hablara Kandinsky. En los artista naïf se produce una síntesis entre realidad y representación, una inconsciencia como la que puede hallarse en los niños y en los pueblos primitivos, pero que en realidad no es sino una reivindicación de la memoria. La pintura naïf es la pintura de la memoria, que lo intenta es el reencuentro con uno mismo o la reconstrucción del pasado inalcanzable.

Toda la obra de Puri Sánchez va en esa dirección. Al pintar, con una tenacidad significativa, el mundo rural de su infancia no está tratando de realizar ninguna tarea de documentación arqueológica, sino de poner en pie un universo que se le fue y del cual guarda registro en su infancia recordada.

Desde esta perspectiva, la pintura de Puri Sánchez es sentimentalmente naïf: la inocencia, la ternura, la sencillez, la apariencia primitiva y una emoción muy peculiar; todo lo cual conduce a la magia propia de este tipo de pintura que siempre está buscando paraísos perdidos.

El mundo rural de Puri Sánchez, típicamente castellano, y más concretamente salmantino, es un "orden" en el que todo parece encajar: los paisajes, los hábitos, las costumbres, los personajes, forman parte de un tiempo, de una estructura de la memoria en la que el conflicto es imposible: algo genuinamente característico del naïf y que se manifiesta en la "planitud" de su superficie.

En este sentido, hay una clamorosa heterodoxia en la obra de Puri Sánchez: sus cuadros no son planos, poseen determinadas profundidades que hacen pensar que la pintora quiere ir más allá del naïf. Las perspectivas de sus escenas, paisajes o interiores parecen una ventana abierta por la que Puri Sánchez pudiera echarse a volar chagalianamente en cualquier momento.

Lo que Puri Sánchez no puede ocultar, en su escrupulosa impremeditación artística, es que su pintura estalla en una vitalidad nostálgica, late vigorosa aún cuando se trate de recordar el estatismo de un viejo desván o de un paisaje sereno. La verdad de la pintura de Puri Sánchez está en el dinamismo de unos rasgos tan transparente y plenos como los de la infancia.

El peligro de naïf –el anquilosamiento, la repetición de fórmulas- no afecta en absoluto a la pintura de Puri Sánchez, cuya evolución en esto últimos diez años es fácilmente perceptible. La obra que se muestra en esta exposición es una buena prueba de ello.

José Antonio Gabriel y Galán